El Gobierno quiere hacer negocio con la ITV

El Gobierno español necesita dinero urgentemente. Su última ocurrencia es endurecer la ITV (Inspección Técnica de Vehículos) con el pretexto de “eliminar los vehículos más contaminantes”. Un negocio perfecto para recaudar.

Por Daniel Terrasa, 13 de febrero de 2011

La nube de polución que cubrió las ciudades de Madrid y Barcelona esta semana le ha venido de perlas al ministerio de Medio Ambiente para sacarse de la manga una serie de medidas entre las que figura el endurecimiento de la ITV. El objetivo es quitar de circulación a los vehículos más contaminantes y en el punto de mira están los coches con motor diesel de más de diez años. Todo en nombre del entorno natural y del bienestar de los ciudadanos, claro.

¿Dónde está el truco? Si con la aplicación de medidas más restrictivas solo se conseguirá eliminar de las calles a un determinado número de vehículos, en principio el Estado no gana nada. Es cierto, pero obligando a desguazar miles de vehículos supone que sus propietarios tengan que comprar otros vehículos  nuevos y menos contaminantes, los fabricantes podrán hacer algo de negocio y de paso el estado aumentará sus ingresos con impuestos sobre el automóvil, los más altos de la UE por cierto. La factura la pagarán los de siempre: nosotros, los consumidores.

El gobierno se preocupa mucho de nuestra salud pero poco de nuestro bolsillo. Pero ni siquiera eso ya que fabricar vehículos nuevos también tiene un coste en cuanto a contaminación. Si de verdad quisieran luchar contra la contaminación hay muchas otras maneras, por ejemplo: limitaciones de velocidad, prohibición de circular con coches de alta cilindrada, limitaciones a la circulación en el centro de las ciudades o a determinadas horas, fomento del transporte público eficaz y barato…

No, eso no interesa. Lo que interesa es recaudar, por mucho que lo disfracen de ecologismo. ¿Acaso contamina más un Seat Ibiza de doce años que un todoterreno nuevo de 2011? Además, quien lleva un coche de más de diez años es porque no puede cambiarlo por uno nuevo, y precisamente ése ciudadano/a va a ser el castigado. Están desesperados y sin un duro en las arcas públicas a causa de su propia ineptitud, pero no están dispuestos a pagar los platos rotos, no mientras nos tengan a su disposición para exprimirnos un poquito más. 

 

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